{"id":60,"date":"2026-08-03T02:48:15","date_gmt":"2026-08-03T00:48:15","guid":{"rendered":"https:\/\/escrituraviva.com\/?p=60"},"modified":"2026-08-03T03:37:38","modified_gmt":"2026-08-03T01:37:38","slug":"la-obra-que-quisimos-leer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/escrituraviva.com\/?p=60","title":{"rendered":"La obra que quisimos leer"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Acabo de terminar de leer la obra <em>La mala sangre<\/em>, escrita por Griselda Gambaro a finales de los a\u00f1os 70 del siglo XX y estrenada en el a\u00f1o 1982. Una obra (melo)dram\u00e1tica sobre la relaci\u00f3n entre el poder, la opresi\u00f3n y la violencia. <br>La obra funciona como una imagen dial\u00e9ctica al estilo benjaminiano, situ\u00e1ndose en un Buenos Aires rosistas del siglo XIX donde hay hambrunas en la poblaci\u00f3n y lujo en los palacios, pero para hablarnos de la dictadura argentina de los 70 y 80 del siglo XX  y no poner en peligro a la autora, ni caer bajo las tijeras de la censura.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"559\" src=\"https:\/\/escrituraviva.com\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Gemini_Generated_Image_-1024x559.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-61\" srcset=\"https:\/\/escrituraviva.com\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Gemini_Generated_Image_-1024x559.png 1024w, https:\/\/escrituraviva.com\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Gemini_Generated_Image_-300x164.png 300w, https:\/\/escrituraviva.com\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Gemini_Generated_Image_-768x419.png 768w, https:\/\/escrituraviva.com\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Gemini_Generated_Image_.png 1408w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es interesante cuando se lee una obra de teatro que tiene ya sus a\u00f1os, intentar entender el contexto sociopol\u00edtico en el que se fragu\u00f3 para entender hasta donde puede o no llegar.  Porque si analizamos el teatro de aquella \u00e9poca con el que hacemos ahora, en los ultimos a\u00f1os, puede pecar (falsamente) de pacato o antiguo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algo as\u00ed me ha pasado con esta obra y esta autora de la que conoc\u00eda \u00fanicamente la esplendida revisi\u00f3n metateatral de Casa de Mu\u00f1ecas a la que llam\u00f3 <em>Querido Ibsen: soy Nora<\/em>. Empec\u00e9 la lectura top\u00e1ndome desde el principio con el conflicto central, esbozado ya en las primeras l\u00edneas del texto dram\u00e1tico. Cu\u00e1l fue mi sorpresa cuando a medida que se desarrolla la trama, me encuentro con que el conflicto de clases se desarrolla de una manera rom\u00e1ntica, como si la relaci\u00f3n amorosa entre Rafael y Dolores fuese m\u00e1s importante que la violencia desp\u00f3tica y sanguinaria de Benigno (el terrateniente y patriarca) con todos los de su alrededor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y es que he tenido que pararme la lectura al darme cuenta de que no estaba marchando a descubrir una nueva propuesta teatral, con ojos v\u00edrgenes, con capacidad para sorprenderme con lo nuevo y aprender. Eso ser\u00eda lo ideal. Empezar cada obra sin prejuicios ni ideas ya concebidas. Pero es un ejercicio que rara vez hacemos cuando empezamos una lectura (o un visionado nuevo). Por eso he llamado al art\u00edculo <em>La obra que quisimos leer,<\/em> porque yo hubiera querido encontrarme con una obra ibsesiana, un drama social de corte cl\u00e1sico donde los personajes discuten conceptos morales, \u00e9ticos y pol\u00edticos con salvaje vehemencia, a calz\u00f3n quitado, frontalmente frente a la audiencia. Como pasa en <em>Un enemigo del pueblo<\/em>, o como esa Nora inflexible al final de <em>Casa de mu\u00f1ecas,<\/em> o sobre todo, en <em>El peque\u00f1o Eyolf<\/em> o <em>Espectros.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tengo que reconocer que despues del descubrimiento de la trama amorosa, he seguido leyendo  la obra con cierto enojo y molestia, casi desde\u00f1\u00e1ndola como algo antiguo, en vez de recalibrar mi mente y leer en limpio. El recurso rom\u00e1ntico, que ocupa el centro de toda la obra, me resulta muy molesto cuando se est\u00e1 hablando de temas tan importantes como los que propone la obra. Hasta que luego me he dado cuenta de que no estoy leyendo a Ibsen, sino a Gambaro. Y que uno fue un dramaturgo (genial, eso no lo niega nadie) pero burgu\u00e9s y nacido en una sociedad relativamente c\u00f3moda y estable, mientras que la argentina tuvo que lidiar con una dictadura de Videla (y posteriormente Viola) y sus organismos (para)militares que te pod\u00edan hacer desaparecer si le hac\u00edas demasiadas cosquillas a la persona equivocada. Y aunque Ibsen tuvo que exiliarse, nada se puede comparar al peligro que corri\u00f3 Gambaro y otros artistas argentinos de la \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras Ibsen dinamitaba frontalmente con su teatro los cimientos de la sociedad biempensante del norte de Europa, Gambaro ten\u00eda que asegurarse que contaba la historia de una manera \u00abcort\u00e9s\u00bb, que sea a la vez un juguete casi demod\u00e9 (el drama rom\u00e1ntico teatral del siglo XIX) y un caballo de Troya capaz de sortear la censura y no levantar sospechas. Por eso es bueno saber los contextos de las obras, para entender c\u00f3mo el momento hist\u00f3rico afecta a su composici\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Leyendo y reflexionando sobre <em>La Malasangre<\/em>, he recordado cuando estudiaba interpretaci\u00f3n en el Estudio Corazza, y el mismo Corazza, en uno de los seminarios que nos dio, dijo que uno deb\u00eda leer los textos muchas veces. La primera lectura serv\u00eda siempre para leerse uno a s\u00ed mismo en las p\u00e1ginas, para reflejarse y proyectarse en lo que lee, y posteriormente en las siguientes veces para ser capaz de ver de verdad y poco a poco lo que el autor\/autora nos estaba ofreciendo. Por eso, cuando le\u00eda la obra, sin atender al contexto, no estaba haciendo una lectura objetiva, sino profundamente subjetiva. Como me habr\u00e1 pasado muchas veces anteriores, estoy seguro, que las obras me llegaba (o no), no por la obra en si misma, sino porque conectaran con algo m\u00edo personal, ya fuera un gusto o una man\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y es que, adem\u00e1s, que una obra te guste o no, es algo completamente banal. El arte que me interesa, no est\u00e1 hecho para ser expuesto en la vitrina de un sal\u00f3n, ni tiene que coincidir con el Pantone de los muebles y la pared. Que una obra te guste o no es l\u00edcito (e inevitable), pero in\u00fatil e insuficiente a la postre. Porque lo que importa es lo que planta en ti, lo que introduce en tu interior. El arte, o al menos as\u00ed lo siento yo, debe generar un movimiento interno en aquel que lo ve, un cambio (por m\u00ednimo que sea).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despojarnos de esa primera capa de ego es un trabajo arduo, pero indispensable si queremos ser justos con la dramaturgia, si queremos alcanzar capas m\u00e1s profundas en el arte. <em>La mala sangre<\/em> me ha dado una lecci\u00f3n de humildad y me ha ense\u00f1ado algo muy valioso:  que el teatro no est\u00e1 hecho para complacer ni coincidir con mis deseos formales, sino para sobrevivir y gritar, aunque tenga que hacerlo susurrando a trav\u00e9s de un romance de \u00e9poca. La pr\u00f3xima vez que abra un texto y sienta el impulso de juzgarlo en la p\u00e1gina tres, intentar\u00e9 recordar que, a veces, detr\u00e1s de la obra que no quisimos leer, se esconde exactamente la historia que el autor necesitaba salvar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Acabo de terminar de leer la obra La mala sangre, escrita por Griselda Gambaro a finales de los a\u00f1os 70 del siglo XX y estrenada en el a\u00f1o 1982. 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